martes, 26 de mayo de 2009

Cálculo biliar




La vesícula biliar es un órgano que se localiza justo debajo del hígado. Ésta almacena líquidos llamados jugos digestivos que produce el hígado. Algunas veces estos jugos se solidifican y forman "piedras" llamadas cálculos biliares.


La mayoría de las personas que tienen cálculos biliares jamás sienten ningún síntoma. Puede que incluso nunca sepan que tienen cálculos biliares. Sin embargo, un cálculo puede salir de su vesícula e irse por el conducto que comunica su vesícula biliar con su intestino. Si el cálculo biliar se queda atascado en ese conducto y lo bloquea por completo, usted tendrá un dolor intenso en la parte superior derecha del abdomen. Usted también puede sentir dolor en la parte superior de la espalda. El dolor usualmente comienza de repente y dura varias horas. Esto se conoce como un ataque por cálculo biliar. El bloqueo parcial o completo también puede hacer que su vesícula biliar se irrite y se inflame. Si esto ocurre usted usualmente tendrá dolor durante varias horas. También puede darle fiebre. Su piel puede tomar una tonalidad amarillenta conocida como ictericia. Usted puede vomitar o sentir náuseas.

Cálculo renal


Un cálculo renal, litiasis renal o piedra en el riñón es un trozo de material sólido que se forma dentro del riñón a partir de sustancias que están en la orina.
La piedra se puede quedar en el riñón o puede desprenderse e ir bajando a través del tracto urinario. La intensidad de la sintomatología (dolor) está generalmente relacionada con el tamaño del cálculo. En ocasiones se produce su expulsión casi sin sintomatología.
Los cálculos pueden quedarse trabados en uno de los uréteres, en la vejiga, o en la uretra, produciendo la sintomatología de dolor (cólico nefrítico), disuria (dificultad al orinar), o signos como hematuria (presencia de sangre en la orina).

Hepatitis



Objetivo: Determinar el rol que desempeña la ropa de pacientes con dermatofitosis como probable fuente de infección.Material y Métodos: Se estudiaron 32 pacientes con diagnóstico previo de tiña corporis, capitis o cruris. Se utilizó el método de impresión directa con placas tipo RODAC (Replicating Organism Direct Agar Contact) para el aislamiento de dermatofitos en ropa, silla, mesa y/o suelo de dichos pacientes.



Resultados: Los dermatofitos aislados de pacientes fueron: T. tonsurans en 14 casos, T. rubrum en 12 y M. canis en 6. El dermatofito que dió el mayor número de colonias por paciente y de placas positivas fue M. canis. En total se tomaron para el estudio 320 muestras ambientales en igual número de placas; fueron positivas 71.4% de las provenientes de la ropa en contacto con la lesión y 31.4% de otras áreas diferentes de la ropa. Los muebles y el suelo que rodeaban al paciente al momento de la toma de muestra, no recibieron un inóculo muy grande.Conclusiones: La ropa de los pacientes con dermatofitosis podría ser considerada como fuente de infección de algunos dermatofitos.

Varices


Introducción. Las varices esofágicas se desarrollan entre 80 y 97% en niños con hipertensión porta. En adultos dichas varices pueden alterar la motilidad y la aclaración esofágica, lo cual causa reflujo gastroesofágico patológico (RGEP).Objetivo. Conocer la frecuencia de RGEP en niños con y sin varices esofágicas.Diseño. Prospectivo, transversal, comparativo, observacional.Sitio y fecha. Servicio de Gastroenterología y Nutrición, Instituto Nacional de Pediatría (INP), entre julio del 2003 y diciembre del 2005.Método. Se estudiaron 50 pacientes menores de 18 años para conformar dos grupos. En todos se efectuó endoscopia alta para detección de varices esofágicas. Grupo I, niños con varices esofágicas de cualquier etiología. Grupo II, con hepatopatía crónica sin varices esofágicas. Posteriormente se les realizó pHmetría intraesofágica de 24 horas para RGEP. Para el análisis estadístico se utilizó la prueba exacta de Fisher.Resultados. Grupo I, tuvieron RGEP por pHmetría intraesofágica de 24 horas, 12 niños. Grupo II, tuvieron RGEP, cinco niños.Discusión. El RGEP fue más frecuente en pacientes con varices esofágicas; al contrastarlo con niños con hepatopatía crónica sin varices, no hubo diferencias estadísticamente significativas después de la prueba.